El Recibimiento de las Hermandades en Villamanrique

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Rocieros hay muchos, pero es que en VILLAMANRIQUE es todo el pueblo. 

En una placita blanca y soleada del pueblo, hay un retablo de azulejos con esta leyenda: 

“A Nuestra Madre del Rocío se la encontró. 
Y a partir de ahí, a lo largo de los siglos, VILLAMANRIQUE vive para la Virgen del Rocío. Desde que comienza la peregrinación de las Hermandades en Tiempo de Pentecostés, la Hermandad del Rocío de Villamanrique está de “guardia” permanente para saludar, en el atrio de su iglesia en olor [sic] de multitudes, a todas las Hermandades que hacen el Camino procedentes del Quema en dirección a la Raya; allí son recibidas con cariño, con fraternidad, con simpatía y sin distingos ni diferencias y, en justa correspondencia, pocas son las Hermandades que se quieren perder, por nada del mundo, tan amable recibimiento y, aún teniendo que dar un rodeo y atravesar la temible raya, pudiendo acceder al palacio por el Camino de la Cigüeña, prefieren pasar por Villamanrique para participar en tan emotiva ceremonia. Y algunas de ellas, aunando esfuerzos de bueyes y peregrinos, llegan incluso a subir su carreta por la escalinata de piedra hasta situar su Simpecado en la mismísima puerta de la iglesia, donde los recibe la representación de turno de la Hermandad manriqueña.

   “Tiene Villamanrique

siete escalones

donde suben los bueyes

entre oraciones.

   Cancelín de la gloria

puerta del cielo.

no hay pueblo en el mundo

más rociero”.

 
Y los recibe con todos los honores, que para eso van peregrinando al santuario de su Blanca paloma: las campanas al vuelo, entregan a cada Hermandad un hermoso ramo de flores, en presencia de su Simpecado antiguo y, lo que es más importante, con un abrazo fraternal y rociero, con el corazón abierto al amor y a la amistad que debe ser fundamento y principio de toda manifestación cristiana. Por eso dice esa coplilla antigua: 


Del Rocío venimos, 
nadie se pique, 
que la palma se lleva 
Villamanrique.

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