Museo

Para visitas concertadas: Carlos Díaz, Vicepresidente - 622605007

CENTRO DE INTERPRETACIÓN ETNOGRÁFICA

En Villamanrique de la Condesa el mayor motivo de orgullo local es ser «el pueblo más rociero del mundo». La devoción a la Virgen del Rocío se palpa en cada esquina, condiciona la vida del pueblo y ha dado lugar a tradiciones singulares y a un rico patrimonio ,que ahora se da a conocer en el Centro de Interpretación Etnográfica «Camino del Rocío».

Villamanrique tiene mucho que contar sobre el Rocío. Puede narrar la maravillosa historia de uno de sus vecinos, Gregorio Medina, que tuvo la inmensa suerte de hallar, entrado el siglo XV de la Encarnación del Verbo, la bendita imagen de la Virgen del Rocío. De caminos puede contar las más antiguas historias, ya que la suya es la Hermandad rociera más antigua. Puede emocionar con el relato del impresionante “Paso de las Hermandades” por el pueblo, Fiesta de Interés Turístico de Andalucía. O puede mostrar las más entrañables historias de los boyeros y tamborileros manriqueños que, desde hace siglos guían las carretas por los caminos y senderos hasta la bendita aldea marismeñas y que aquí tienen su «universidad».

Todo esto unido a su rica historia está condensado en el Centro de Interpretación Etnográfica “Camino del Rocío”, que la Primera y Más Antigua Hermandad del Rocío con la inestimable colaboración del Excelentísimo Ayuntamiento de la villa y la Junta de Andalucía han creado en la calle Santiago, junto a la Plaza del Tamborilero, en el lugar donde estuvo el primer templo cristiano de la antigua Mures, allá por 1253. El recorrido por este espacio museístico nos lleva a conocer, también, el privilegiado entorno que rodea a la localidad y al Santuario de la Virgen del Rocío, que desde la Baja Edad Media fue lugar de caza de monteros manriqueños y descanso de reyes y nobles. (1)

EL EDIFICIO

El lugar que ocupa “Museo del Camino del Rocío” es uno de los solares másvetustos e interesantes de la antigua Mures, donde se ubicaba la Ermita de Santiago, primer templo cristiano de la villa, erigido tras la conquista cristiana de la población por los caballeros de la Orden de Santiago en el año 1253. Esta antigua Ermita de Santiago ocupó un puesto destacado en la villa de Mures durante toda la Edad Media como centro religioso y social, desde donde los caballeros de la Orden de Santiago impartían servicios de caridad cristiana y asistencia religiosa.

Todavía, “en el año 1604, el 2 de junio, el Visitador de la Orden de Santiago, don Antonio de Figueroa y el Licenciado Juan Martínez Daza giran una Visita a la antigua villa de Mures”, según se recoge en el Archivo Histórico Nacional, Órdenes Militares, Uclés, “Libro de Visitas” 1.015 – C (1604) fols. 84 r. -85 v. y emiten un informe sobre esta Ermita de Santiago de Mures.

“Continuando la dha Visita parece que la hermita de Santiago esta como tres tiros de ballesta della; es una hermita de una nave sobre tres arcos de ladrillo y se a hecho una nave e Paredes al cabo de la dha hermita; el maderamiento de qual es de madera tosca, cabrios y caña junta; pagada a la dha hermita esta una casita hacia la parte del mediodia para el ermitaño que se manda de por fuera de la hermita. Para el Santo tiene frontero de la Puerta un pedaço de tierra que ba haçia el camino por donde se va de la dha hermita a la dha villa, tiene un vallado alrededor de la dha hermita que hara fanega y media de cevada en sembradura, poco mas o menos, la qual se siembra para el reparo de la dha hermita”. (2)

Se ubicaba la antigua Ermita en la llamada “calle Ermita de Santiago” (actual calle de Santiago), rotulada así por los propios caballeros de la Orden por conducir esta calle hasta dicha Ermita. Existieron en la villa de Mures hasta tres calles dedicadas al Apóstol y Titular de la Orden de Santiago, la ya mencionada “calle Ermita de Santiago”, actual calle Santiago; “calle de la Encomienda de Santiago”, actual calle Encomienda y “calle Concejo de Santiago”, actual calle Concejo. La primitiva Ermita de la Orden de Santiago se levantaba a las afueras de la población, a “tres tiros de ballesta” y delante de su puerta iba colocada una cruz, especie de crucero, que se llamó “Cruz del aculadero”. Todavía esta zona del pueblo que hoy ocupa la actual plaza del Tamborilero” se le conoce popularmente como “el aculadero”.

Perdida la memoria de la antigua Ermita de Santiago, se construyeron en su lugar una serie de viviendas, cuyo plano, sin embargo,  apenas fue alterado por el paso del tiempo, conservándose a través de los siglos únicamente una cruz de hierro, llamada “Cruz del aculadero”, que presidía la fachada principal de una de estas viviendas.

En torno a los años sesenta del siglo XX, la Primera y Más Antigua Hermandad del Rocío, acomete la idea de realizar una nueva Carreta de plata para el Simpecado, que sustituyese la antigua de madera de 1932. Ante el hecho de contar con un nuevo y preciado templete de plata, la Hermandad buscó un lugar digno donde quedase depositado durante todo el año. La Junta de Gobierno de la Hermandad buscó como Casa-Hermandad una de las viviendas construidas sobre el antiguo solar de la Ermita de Santiago, que aún mostraba en su fachada la famosa cruz del aculadero. Junto, se labró una pequeña capilla donde quedó expuesto el bendito Simpecado del siglo XVI, en la antigua Carreta de madera. En los años ochenta del siglo XX, siendo Presidente de la Hermandad, don Juan Márquez Fernández, se compró la casa aneja, perteneciente a la familia de doña María Márquez Silverio, ampliándose la Casa-Hermandad con otras nuevas dependencias. En el año 2005 la Junta de Gobierno presidida por don José Gallego Márquez, emprendió la gran tarea de la construcción de una nueva Casa-Hermandad, que albergase también las dependencias del futuro “Museo del Camino del Rocío”. Tan importante proyecto de obras fue encomendado al arquitecto manriqueño y hermano de la Hermandad, don Javier Carrasco Sáinz.Las obras de la nueva Casa-Hermandad-Museo del Camino del Rocío se han realizado en colaboración con el Excelentísimo Ayuntamiento de Villamanrique y la Junta de Andalucía, desarrollándose en distintas fases hasta su conclusión, y montaje. Fueron inaugurados por el Consejero de Turismo, Comercio y Deporte, don Luciano Alonso, el 24 de febrero de 2012 y bendecido por el Obispo Auxiliar de Sevilla, don Santiago Gómez Sierra el 17 de mayo de 2012.

DE MURES A VILLAMANRIQUE DE LA CONDESA

Los actuales lugares de Chillas, Gatos, los Montes, el núcleo urbano de Villamanrique  y todo su término municipal están llenos de yacimientos y fósiles arqueológicos, que corroboran la existencia de población en estos lares desde los mismos orígenes de la prehistoria.

El primitivo nombre de Mures está relacionado con la palabra tartésica “murena” de la que procede Mures; denominación que perduró durante muchos siglos. Los primeros asentamientos se remontan al periodo del Neolítico como lo atestiguan una serie de restos arqueológicos descubiertos en esta zona. Algunos como fósiles, “pondus”, hacha pulimentada, cerámica pintada etc… se muestran en el Museo. En época tartésica se la conoció con el nombre de “Mures” y de ella se conserva una hermosa inscripción grabada sobre piedra conocida como “La Estela de tartésica de Villamanrique”, depositada en el Museo Arqueológico de Sevilla, de la que se expone una copia realizada por el taller de artesanos “Luca della Robbia” de Gelves. Esta actividad en la villa de Mures perdurará durante la época romana de la que se muestran una basa de columna, Tégula romana de gran tamaño  y plato y cerámica de “terra sigilata”.

Tras la dominación musulmana, Alfonso X, el Sabio, que había heredado veinte Monteros reales en Mures,  donó parte de estas tierras a Pelay Correa, maestre de la Orden de Santiago, y a un importante grupo de monteros encargados del cuidado del Coto. Asistimos a las primeras ventas de propiedades a favor de Iñigo López de Orozco y posterior donación a su esposa Teresa Pérez, confirmadas por sendos privilegios rodados de Sancho IV y Fernando IV.



A comienzos de la Edad Moderna, la jurisdicción de Mures pasó al duque de Béjar, Don Francisco de Zúñiga y Guzmán y el rey Felipe II se creó el marquesado de Villamanrique para la persona de Don Álvaro Manrique de Zúñiga, pasando la villa a denominarse, a partir del 24 de marzo de 1577, Villamanrique de Zúñiga.

Tras la abolición de los señoríos en 1837, el Duque de Montpensier adquirió el Palacio real de de la villa y gran cantidad de terrenos entre Gatos y la aldea del Rocío. Por Real Decreto de 27 de junio de 1916 cambió, de nuevo la villa su nombre por el actual, Villamanrique de la Condesa, en honor a la hija primogénita del Duque, S. A. R.  María Isabel Francisca de Asís  de Orleáns, condesa de París y Señora de Villamanrique.

EL ENTORNO GEOGRÁFICO

Villamanrique de la Condesa se encuentra situada en el extremo suroccidental de la provincia de Sevilla, en linde con la provincia de Huelva. Su paisaje nos muestra una zona de transición entre al aljarafe sevillano y las marismas del Bajo Guadalquivir, ocupando buena parte de su término municipal el ámbito del Parque Natural del Entorno de Doñana.

En sus campos se cultivan: olivos, viñedos, cereales y frutales. La tradición cazadora de esta antigua villa tiene su arraigo en la riqueza cinegética que presenta la zona, en especial: ciervos, jabalíes y patos; y en la defensa de otras especies en peligro de extinción como el lince ibérico, que viven al resguardo de grandes extensiones de eucaliptos, encinas, alcornoques, pinos y marismas.
Su entorno geográfico aparece rodeado de topónimos que evocan plenamente a la Romería del Rocío: Dehesa Boyal, El Chaparral, Hato Blanco, Gatos, Pozo Máquina, Raya Real, Palacio del Rey, El Pinto, El Ajolí…

VILLAMANRIQUE Y LA CASA REAL

La antigua villa de Mures y más arde Villamanrique de la Condesa, mantuvieron siempre una especial relación con la monarquía española. Desde el siglo XIII, el rey Alfonso X, el Sabio heredó en la villa a veinte Monteros Reales que le acompañaban en sus jornadas de caza por los cotos de Lomo de Grullo y Las Rocinas. Estos primeros monteros constituyeron una primera Cofradía en 1388 pionera en la devoción a la Virgen de las Rocinas.

Los primeros datos documentados sobre la devoción a la Virgen del Rocío por los vecinos de Villamanrique se encuentran recogidos en los libros de defunciones de la Parroquia de Santa María Magdalena y se remontan a comienzos del siglo XVIII. En las mandas, contenidas en sus testamentos, se ordena la celebración de una serie de misas en honor a la Virgen del Rocío.

La villa de Mures y posteriormente Villamanrique se convirtieron en “Sitio Real”, acogiendo en su palacio a muchos miembros de la Casa Real española. Fruto de esta relación de la Casa Real con la villa nació la vinculación con su Primera y Más Antigua Hermandad del Rocío. Sería S. A. R. el Duque de Montpensier quién en el año 1851 otorgó a la corporación manriqueña el título de Real. Años más tarde, el 15 de marzo de 1911, S. M. el rey Don Alfonso XIII ratificó este primer título Real en el palacio de Villamanrique, siendo la primera Hermandad del Rocío, que ostentó tan distinguido título. Este monarca, como hicieron sus antecesores y sucesores, visitó en varias ocasiones la villa, asistiendo a los actos organizados por la Hermandad. Asimismo desde el día 8 de noviembre de 1985 es la primera Hermandad del Rocío que posee el título de “Imperial”, concedido en su palacio de Grâo-Parà por S. A. I. Don Pedro de Orleans y Bragança, Jefe de la Casa Imperial de Brasil.

La estrecha relación de la Casa Real Española con Villamanrique y el Rocíola recuerda en su libro autobiográfico, “Yo, María de Borbón”, S.A.R. Doña María de las Mercedes, Condesa de Barcelona y madre de nuestro augusto Monarca, Don Juan Carlos I, con las siguientes palabras,

“Pero hay algo de lo que tampoco me olvido, que era una de nuestras ilusiones del año: El Rocío. En la Casa (Real) hay tradiciones andaluzas desde hace más de un  siglo, desde tiempo de los bisabuelos Montpensier. Villamanrique, que sólo está a 19 kilómetros del Rocío, tiene la Hermandad Más Antigua y toda la Familia ha estado orgullosa de de pertenecer a ella. Todavía ahora paran allí las Carretas que van de Sevilla y del Aljarafe”. (3)

Entre las insignias reales más significativas expuestas en el Museo están el  Banderín de la Casa Real, bordado por Juan Miguel Béjar y Micaela Reyes en 1926. El banderín del Hermano Mayor y la antigua bandera de la Hermandad en las que se representan los títulos más significativos. Y vara de acompañamiento del Simpecado que data de 1632.

EL ANTIGUO SIMPECADO DE LA HERMANDAD DEL SIGLO XVI.

El antiguo Simpecado, conocido como “Simpecado Viejo”, es una de las joyas que conserva esta Hermandad y la pieza principal que se exhibe en el Museo. Se trata de un primitivo estandarte el siglo XVI, en forma de bandera cuadrilonga, realizado en terciopelo de color rojo, cuya parte central aparece ocupada por una hermosa pintura de la Virgen del Rocío, la más antigua que se conoce de la citada imagen. Esta pintura ha servido tanto de modelo para la confección de otros Simpecados de los que peregrinan al Rocío. Junto al óvalo de la pintura e puede observar un paisaje idealizado donde aparece la primitiva Ermita, una serie de personajes vestidos a la usanza de la época renacentista, un pilón a modo de abrevadero del ganado y una serie de carros todavía sin cubrir. Sobre la peana de la Virgen aparece una cartela del donante: Juan Ponce de León, Hermano Mayor, “a devoción suya y de varios devotos”.

Fue restaurado en 1979 por la bordadora manriqueña, María de los Ángeles Espinar, y en 2001 por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico.



EL HALLAZGO DE LA VIRGEN DEL ROCÍO POR EL CAZADOR MANRIQUEÑO GREGORIO MEDINA

La Imagen de la Virgen del Rocío fue ocultada como otras muchas imágenes en la Edad Media española para preservarla del “sarraceno furor”, permaneciendo oculta durante muchos años hasta que, “Entrado el siglo XV de la Encarnación del Verbo”, y según cuenta la historia oral el cazador manriqueño, llamado Gregorio Medina, hallándose en el lugar conocido como “La Rocina” en su faena diaria de caza, con sus perros, trampas, ballestas y armadijos, a la usanza de los antiguos monteros, se percató ante los insistentes ladridos de sus perros, que en la “chueca” de un milenario acebuche y casi tapado por las ramas encontró una pequeña efigie de la Virgen María con la siguiente inscripción "Nuestra Señora de los Remedios”. El cazador Goro Medina sorprendido por el hallazgo, se postró de rodillas ante la Sagrada Imagen. Pretendió llevarla consigo, pero convencido de las dificultades que le podían sobrevenir, la volvió a colocar en su lugar, dando cuenta de ello a los cercanos vecinos del pueblo de Almonte. Posteriormente, a este lugar se acercaron vecinos de Almonte y de Villamanrique para venerar a la Virgen. La posesión de la imagen se resolvió mediante dos yuntas de bueyes para que por su fuerza decidieran en qué pueblo se debería quedar la imagen. Los bueyes no avanzaron en dirección alguna y por ello le edificaron una ermita en el lugar de su aparición.

VILLAMANRIQUE, PUERTA Y ANTESALA DEL ROCÍO

Una buena parte de las Hermandades que peregrinan  a la aldea del Rocío, procedentes de Sevilla, Córdoba, Jaén, Granada, Málaga y Almería y otras de provincias más lejanas como Valencia, discurren por antiguos los antiguos caminos y veredas manriqueños, que les conducen desde Villamanrique de la Condesa a los cotos de Lomo de Grullo y las Rocinas.  La población presenta en estos días el aspecto de un continuo rosario de carretas caballos y peregrinos, que transitan jubilosas por haber alcanzado el puerto más transitado, camino del Rocío.

En la puerta de la Parroquia de Santa María Magdalena, la Primera y Más Antigua Hermandad recibe a todas las Hermandades que transitan por sus calles y plazas, en señal de gozo y alegría y con verdadero sentido rociero cantando la Salve a la Virgen peregrina en el Simpecado.
A los pies de los siete escalones de acceso a la Parroquia, los carreteros trabajan con sus yuntas de bueyes para iniciar la subida y presentarse ante la Hermandad mniueña. Cuando esto acaece, las manos y los botos de los romeros se funden en un esfuerzo para acercar su carreta al Simpecado de la Hermandad. ¡Estamos en las puertas del Rocío!

El Museo recoge un apartado de tan interesante fenómeno del camino rociero, cantado por múltiples sevillanas y fandangos,
Tiene Villamanrique
siete escalones
donde suben los bueyes
entre oraciones
Cancelín de la gloria
puerta del cielo
no hay pueblo en el mundo
más rociero.

EL MADRINAZGO DE HERMANDADES ROCIERAS

Como en tantas cosas del Rocío la Primera y Más Antigua Hermandad, ha sido la pionera. Es el caso del Amadrinamiento de Hermandades un rito muy antiguo en la historia del Rocío, que inició en 1814 la Hermandad de Villamanrique cuando Amadrinó y presentó por primera vez ante la Blanca Paloma de las Marismas a la Hermandad del Rocío de Triana. Este hecho, acaba por establecer una relación y vínculo muy especial entre la Hermandad Madrina y Ahijada.

Las Hermandades amadrinadas por Villamanrique de la Condesa son las siguientes: Hermandad de Triana (1814). Hermandad de Benacazón (1916). Hermandad de Bollullos de la Mitación (1949). Hermandad del Salvador (1951).Hermandad del Puerto de Santa María (1959).     Hermandad de Jaén (1983). Hermandad del Cerro del Águila (1987). Hermandad de Sevilla-Sur (1987). Hermandad de Santiponce (1990). Hermandad de Carmona (1991) y Hermandad de Tomares (1996).

Las medallas de estas once Hermandades Ahijadas aparecen en el Museo prendidas en las manos de un pastorcito, vestido de ángel, que las porta unida a la de su madrina Villamanrique de la Condesa; y se siente orgulloso al ver cómo las Hermandades le profesan un verdadero amor y cariño a su madre: la Virgen del Rocío, La Blanca Paloma.


LA CARRETA DE PLATA, RETABLO PARA LA MADRE DE DIOS.

La actual Carreta de Plata que porta el Simpecado manriqueño a la aldea del Rocío, fue realizada entre 1968 y 1972, por el orfebre sevillano, Jesús Domínguez Velázquez, siguiendo la traza de los dibujos elaborados por Juan Márquez Fernández, inspirados en la antigua carreta de madera. Fue bendecida en la Romería del Rocío de 1972 y contó con la presencia de la Reina Doña Sofía, entonces Princesa de España.

Esta Carreta se convierte, por amor a su Virgen del Rocío, en el corazón del pueblo de Villamanrique. Está montada sobre seis columnas con capiteles corintios y sobre cada una de ellas descansan seis arcos de medio punto, que se adornan con cortinillas de plata caladas con fondo rojo. La parte superior termina en una cornisa clásica con ovas, rematada con una amplia crestería de escudos y ángeles. En la parte frontal, lleva el escudo de la Hermandad y en la posterior el escudo de Villamanrique de la Condesa. Los laterales representan los escudos de las Hermandades de Triana, Sevilla, Bollullos de la Mitación y El Puerto de Santa María.

Los faldones primitivos llevaban en sus laterales, los escudos de las hermandades ahijadas; en el faldón frontal  la leyenda del hallazgo de la aparición de la imagen; y en la trasera la alegoría a la fundación del Rosario por Francisco Bedoya Béjar, Hermano Mayor de la Hermandad. Todos ellos fueron sustituidos en 2006 por otros realizados por Manolo de los Ríos con motivos florales y uvas.

La Carreta de plata se muestra en el Museo rodeada de un gran mural compuesto por numerosos peregrinos andando a través de la Raya Real. La acompañan, además, un juego antiguo de frontiles, esquilas  y fajas de los bueyes.



LOS BOYEROS O CARRETEROS MANRIQUEÑOS

Villamanrique de la Condesa es tierra de fundamentalmente de agricultores que encuentran en los trabajos de la tierra el sustento para vivir, pero también cuna de grandes carreteros ya que los bueyes han sido amigos inseparables en las labores agrícolas y después han sido utilizados para tirar de las engalanadas carretas que portan los Simpecados que se dirigen al Rocío.

La tradición de los carreteros en esta villa es muy acusada y buena prueba de ello han sido los innumerables hermanos que tienen como promesa llevar al Rocío a la Carreta de sus amores. No importa su condición, hombres y mujeres han sido fieles capataces para dirigir a estos animales por los caminos que conducen al Rocío, portando el amor de sus sentimientos. Son numerosos, también, los boyeros de esta localidad que acompañan a otras Hermandades, para mostrarles el arte de este oficio ancestral, desde la forma de uncir los bueyes al yugo, hasta la manera de anudar las coyundas. Y el Museo no podía ser menos que mostrar una amplia galería de fotos de carreteros y carreteras manriqueños con sus aperos y enseres propios, y una relación de carreteros desde el año 1943.

CARRETA DE MADERA DE 1932

La Primera y Más Antigua Hermandad del Rocío de Villamanrique de la Condesa, pionera en todas las cosas del Rocío, fue la primera hermandad que construyó una Carreta-Templete para portar su Simpecado hasta la aldea del Rocío. Ignoramos cómo debió ser esta primitiva Carreta del Simpecado manriqueño, pero por la pintura del Simpecado del siglo XVI podemos observar que se trataba de una Carreta adornada sencillamente con unos arcos, a los que se añadirían adornos florales.

No sería hasta el siglo XVIII cuando la Hermandad del Rocío de Villamanrique creó la primera Carreta del Simpecado, llamada de “Cajón”. Se trataba de un templete, levantado sobre seis columnas de orden corintio, que sostenían seis arcos de medio punto y rematados en su parte superior por gran cornisa. La parte delantera del templete, hasta la segunda columna, era el lugar privilegiado para portar el bendito Simpecado, con capacidad suficiente para colocarle todo tipo de flores y velas; y la parte trasera, compuesta por el segundo intercolumnio, era el “cajón” propiamente dicho, de donde recibía el nombre este tipo de carreta, y que servía para guardar los enseres de la Hermandad durante el camino del camino del Rocío.

En el año 1932, siendo Hermano Mayor de la Hermandad del Rocío de Villamanrique de la Condesa, don Antonio Velázquez Sánchez, regaló una nueva Carreta de madera, obra del gran ebanista manriqueño, don José Cabello, que se acoge ya a otro nuevo canon de Carreta-Templete rociera. Para su realización el afamado ebanista manriqueño se inspiró en las antiguas Carretas de Cajón de la Hermandad.

Con seis columnas de capitel corintio sobre basa cuadrada adornada con altos relieves y fuste liso, cortado en el centro por una especie de doble flor cerrada de loto, descansa el templete sobre seis arcos de medio punto peraltados y superados por una especie de cimacios bizantinos, que realzan aún más el peralte de los arcos. El espacio triangular entre los arcos lo ocupan de nuevo unos altos relieves en forma de roleos de acanto, igual que los cuatro esquinas de la Carreta. La parte superior la ocupa una gran cornisa con dentellones y ovas y una crestería de madera dorada semejando escudos y flores lis. La Carreta de madera fue pintada de color blanco con algunos adornos de color rojo y el dorado de relieves, capiteles, basa y fustes de las columnas y los adornos de los intercolumnios y la crestería. Finalmente el antiguo cajón para guardar los enseres de la Hermandad ahora ha quedado incorporado en el bajo lecho de la Carreta, cobrando mayor esplendor la nueva Carreta-Templete.

Una de las señas de identidad de esta carreta de madera de la Hermandad Más Antigua del Rocío, igual que de sus predecesoras de cajón, son esas cortinillas de tela roja que penden del intradós de los arcos y que son únicas en la historia del rocío. Durante el duro camino del Rocío para preservarla del polvo se cubría con unas cortinas de lona cruda que la hacían inconfundible entre todas las Carretas de las hermandades. Se estrenó en la Romería del año 1932, años difíciles de la IIª República Española, y la gran trovera y poetisa local, Josefa Reyes, “la Cuca”, compuso unas sevillanas, agradeciendo al Hermano Mayor, don Antonio Velázquez Sánchez su donación y que las manriqueñas fueron cantando este año a la entrada de su Hermandad en la aldea del Rocío,

“Carreta de la Virgen
diez mil reales,
Antonio, el del camión,
Dios se lo pague.
¡Decidle vivas,
Que ha dejado una obra
“pa” toda la vida”

Esta preciosa y singular Carreta de madera de la Primera Hermandad del Rocío estuvo peregrinando a la aldea del Rocío hasta el año 1971, treinta y nueve años de gloria, hasta que en 1972 se estrenó la actual Carreta de plata de la Hermandad. Felizmente conservada, hoy está en proceso de restauración.

FUNDACIÓN DEL ROSARIO DEL ROCÍO

El protagonista de tan relevante suceso fue, Francisco de Paula Bedoya Béjar, rociero de pro, como casi todos los manriqueños, que va a escribir en las lejanas fechas del siglo XIX una de las páginas más hermosas de la historia del Rocío, la Fundación del Santo Rosario del Rocío. Había nacido en Villamanrique el día 8 de junio de 1846 y su vida se desarrollaba en el trabajo en el campo como jornalero hasta que, llamado a filas, fue hecho prisionero en de la batalla de Alcolea, el día 28 de septiembre de 1868. En esa batalla su vida corrió serio peligro y como buen creyente y rociero acudió a la Virgen del Rocío, interpretando que fue la Santísima Virgen, quien como madre amorosa, obró el milagro de salvarle la vida. Eternamente agradecido, Francisco Bedoya, se prometió engrandecer aún más la Romería del Rocío. Y en el año de 1887, en que fue Hermano Mayor de la Primera y Más Antigua Hermandad del Rocío de Villamanrique, acompañado de todas las hermandades rocieras del momento y el pueblo entero de Villamanrique, fundó un Rosario que, en la noche previa a Pentecostés, recorrió las calles de la aldea del Rocío.

Como testimonio fidedigno de tan preclaro hecho histórico, la Primera y Más Antigua Hermandad del Rocío de Villamanrique, guarda en sus archivos una bella inscripción con el texto íntegro de la esta fundación. El mismo relato estuvo colocado durante muchos años en un precioso retablo de azulejos en la antigua ermita del Rocío, que hoy desgraciadamente no se encuentra expuesto al público. Por ello, la Primera y Más Antigua Hermandad del Rocío colocó dos retablos con la misma inscripción, uno en su Casa-Hermandad del Rocío y otro en el Museo en Villamanrique, acompañado de fotos antiguas y actuales del Rosario del Rocío. Además mandó repujar en plata un escudo con el mismo texto, original del Presidente, don Juan Márquez Fernández que quedó incorporarlo a la Carreta de plata del Simpecado, obra del gran orfebre sevillano, Jesús Domínguez. El texto de la lápida del Museo de la Fundación del Rosario del Rocío dice:

“El fundador que acordó que todas las Hermandades acompañaran al Santo Rosario de la Parroquia, fue el Hermano Mayor de Villamanrique, Francisco Bedoya Béjar, que invitó a todos los hermanos mayores, y viendo que era un mérito grande para esta función, todos acompañaron con las insignias con mucha alegría y fervor, diciendo viva nuestra Madre del Rocío.- Que quedará establecido para eterna memoria de el año 1887”. (4)

“EL ROCIÍO” O ROCÍO DE LOS NIÑOS EN VILLAMANRIQUE.

Desde tiempo inmemorial se celebra por las calles y plazas de Villamanrique de la Condesa "El Rociíto" o Rocío de los Niños. Esta centenaria tradición se celebra cada año en Villamanrique en los días previos al Rocío. Y es como la Romería de la Hermandad en pequeño. con su Carreta del Simpecado, el Presidente de la Hermandad, el Hermano Mayor, el tamborilero, cohetero, carreteros y gran cantidad de peregrinos andando. Actualmente lo organiza la Ludoteca municipal con la colaboración del Ayuntamiento y la Primera y Más Antigua Hermandad del Rocío. El cortejo parte, como es tradicional de la Casa-Hermandad, calle Santiago, 25, y después de recorrer las calles y plazas del pueblo se presentará en los porches de la iglesia parroquial de Santa María Magdalena como hacen todas las Hermandades que se dirigen hacia el Rocío. Allí en la parroquia recibirán al cortejo infantil el Párroco, el Alcalde y Corporación Municipal y el Presidente y Junta de Gobierno de la Hermandad.

En el Museo,  gracias a la donación de don Maximino Mateos de la Rosa, se muestra la primitiva Carreta del Simpecado del Rociíto de los niños que data al menos de 1919. Realizada en madera tiene formas inspiradas en el arte gótico y está pintada de blanco con adornos en dorado y rojo. Ha sido felizmente restaurada por nuestro hermano, don Antonio Espinar Cardoso.  Junto a la Carreta del Simpecado se muestra otro carro acompañante y todos los avíos de los bueyes y enseres de una Hermandad en miniatura.  El Rociíto de Villamanrique es un acto entrañable que los más pequeños viven con gran ilusión y se sienten partícipes rocieros de su Primera y Más Antigua Hermandad del Rocío.

CUNA DE LOS MEJORES TAMBORILEROS

Otro oficio exportado y de pura esencia manriqueña es el de tamborilero. Una figura, la del tamborilero, que llegó a la villa de Mures en la baja Edad Media con otros tipos de música y que hoy se convertido en una hermosa tradición que hay que conservar y valorar en Villamanrique.
La música del tamboril y la flauta aparecerá ya plenamente incorporada a todos los actos la Romería del Rocío, mucho más tarde, en el siglo XVIII. Y serían el barroco y el costumbrismo los que darían el espaldarazo definitivo a este singular arte popular. Los instrumentos de origen remotísimo, se siguieron, utilizando invariablemente, en una tradición casi intacta y durante muchos siglos, entre los habitantes de la zona del Rocío y sobre todo en Villamanrique, con su Primera y más Antigua Hermandad.

Muñoz Sanromán afirma que: “El tambor para que suene bien, debe estas hecho de piel de zorro y tocarse con palo de rama de adelfa; aunque lo corriente hoy es utilizar las pieles de becerro, cabra o potro”.

Esta rancia costumbre y tradición, trasmitida de padres a hijos en Villamanrique de la Condesa, suponen hoy un auténtico arte de dar un son al tambor y a la gaita con un deje especial que sólo los tamborileros manriqueños saben tocarlo, formando esa legión y cantera inagotable de grandes maestros que se inició con el gran Curro el de Villamanrique que cuenta con un importante apartado en el Museo donde muestra su gaita y su tambor y el Ángel Tamborilero, que preside la Carreta de plata.

EL ARTE DEL BORDADO DE LOS MANTONES DE MANILA

A finales del siglo XIX se introdujo en Villamanrique el arte del bordado de los mantones de Manila, que durante muchos años empleó a gran cantidad de mocitas manriqueñas. Los mantones de Manila bordados en Villamanrique han ganado mercados en toda España y lo portan con orgullo los miembros femeninos de Casa Real Española. En su época de mayor esplendor existieron varios talleres con afamadas maestras.

Por todo ello el Museo muestra un stand dedicado a una actividad artesanal típicamente manriqueña como son los mantones de Manila, representados en la maestra doña María de los Ángeles Espinar, medalla de plata a las bellas artes.



PRESIDENTE “PEPE EL DE PAULA”

Don José Solís Bayard, “Pepe el de Paula” fue un gran rociero manriqueño que dedicó su vida entera al Rocío y que por espacio de más treinta años ocupó el honroso cargo de Presidente de la Primera y Más Antigua Hermandad del Rocío. Fueron años difíciles con una economía depauperada, pero que dieron paso a obras importantes en la Hermandad como la compra de la primera Casa-Hermandad en Villamanrique y la realización de la Carreta de plata. Por todo ello el Museo del Camino del Rocío le ha dedicado un pequeño lugar donde se exponen su medalla dorada de Presidente de la Hermandad y varias fotografías.

SALA DE PROYECCIONES Y PANTALLAS TÁCTILES

El Museo se completa con una sala de proyecciones donde se exhiben películas y grabaciones de la Hermandad. Asimismo cuenta con dos pantallas táctiles donde se pueden visualizar al instante los documentos más antiguos e interesantes del Rocío.

Juan Márquez Fernández,
Catedrático de Historia.

NOTAS:
(1) “Un Museo para el pueblo rociero”. Diario ABC, 25 de febrero de 2012.
(2) Archivo Histórico Nacional, Órdenes Militares, Uclés, “Libro de Visitas” 1.015 – C (1604) fols. 84 r. -85 v.
(3) González de la Vega, Javier: “Yo, María de Borbón”. El País Aguilar. Madrid, 1995.
(4) Archivo de la Hermandad del Rocío de Villamanrique.

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